Si sufres de psoriasis, pide a tu dermatólogo unos pantalones cortos: ¡nosotros te apoyamos!


Ahora que llega el buen tiempo seguro que muchos de vosotros habréis comenzado ya a hacer el cambio de armario: adiós a los jerseys y los abrigos, y hola a los shorts y las camisetas de tirantes. Parece un cambio sencillo para la mayoría, más allá de la panzada de ordenar toda la ropa; sin embargo, para algunas personas ese cambio no es tan fácil. En este grupo se encuentran los afectados por la psoriasis, una enfermedad de la piel que puede producir un gran impacto psicológico y emocional entre quienes la sufren y que quiero que conozcáis un poco más para poder normalizarla a través de la campaña “Aclara la psoriasis”

¿Qué es la psoriasis? 


La psoriasis, como hemos dicho, es una enfermedad de la piel que causa dolor, hinchazón, calentamiento y coloración en ciertas zonas del cuerpo de las personas que la sufren; sobre todo suele aparecer en los codos, las rodillas, el cuero cabelludo, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Como veis, son zonas que en los meses de más calor suelen estar muy visibles y las llevamos al aire, algo que puede suponer un problema para los pacientes. 

Para que entendamos por qué aparece la psoriasis es necesario que sepamos que las células de la piel en una persona no afectada se renuevan, aproximadamente, cada 30 días: las células nuevas crecen en el interior de nuestro cuerpo y van subiendo hacia la superficie. 

Pero en una persona afectada por la psoriasis este proceso se produce cada menos tiempo, cada pocos días, de modo que las células nuevas suben rápidamente hacia la superficie y se acumulan en ella, siendo visibles como placas de piel gruesa, enrojecida y con escamas plateadas. 

La psoriasis no afecta por igual a todas las personas ni en todos los momentos del año: las placas de psoriasis pueden aparecer y desaparecer momentáneamente, y pueden verse agravadas por situaciones de estrés, por cambios en el clima o incluso por ciertos medicamentos. 

La psoriasis es una patología para la que, a día de hoy, no existe una cura. Sin embargo, sí que existen tratamientos dirigidos a reducir la inflamación de la piel, suavizarla y reducir el reemplazo celular. 

¿Cómo afecta la psoriasis a las personas que la sufren? 


La psoriasis, al tratarse de una enfermedad que se manifiesta de un modo explícito y muy visual, afecta no solo física, sino psicológica y socialmente a las personas que la sufren. Muchas de ellas se ven discriminadas día tras día debido a esta afección en su piel, hasta el punto de que dejan de ir a la playa, a la piscina o al gimnasio para evitar mostrar las zonas afectadas. 

Lo más grave es que este rechazo de la sociedad se produce generalmente por puro desconocimiento de la enfermedad por nuestra parte: no se trata de una enfermedad rara (afecta a más de 125 millones de personas en todo el mundo, y a más de un millón y medio en España), no es contagiosa y puede tratarse para mejorar los síntomas. Esta información es básica para que la psoriasis no se convierta en un estigma social. 

Compartir información sobre la psoriasis, saber qué es, por qué se produce y cómo se trata nos ayuda a normalizar la situación de las personas que la sufren: a no obligarles a taparse debido a las miradas inquisidoras e indiscretas. Es necesario que normalicemos su situación para que las personas afectadas por la psoriasis puedan sentirse libres y no discriminadas. 

Desde este blog os animo a informaros sobre la psoriasis a través de la campaña “Aclara la psoriasis”, llevada a cabo por Acción Psoriasis y Novartis. En su página web encontraréis toda la información necesaria sobre esta condición y sobre cómo podemos echar una mano para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por esta enfermedad. 

Los pantalones cortos son para todos este verano: si sufres psoriasis, consulta con tu dermatólogo los diferentes tratamientos que existen para tratar esta afección, no dejes que esta controle tu vida y pide unos pantalones cortos a tu dermatólogo. ¡Nosotros te apoyaremos! 

Este contenido ha sido realizado con la colaboración de Acción Psoriasis y Novartis.

La emoción de recorrer 42 kilómetros: ¡ya soy maratoniana! Así ha sido mi primera maratón



Todavía estoy con el subidón de ayer. De hecho, creo que tengo más subidón hoy, viendo las cosas con perspectiva, que el que tenía ayer cruzando la meta de la Maratón de Madrid. Porque sí: ¡ya soy maratoniana! Los entrenamientos y el tiempo dedicado ha valido la pena muchísimo por todas las sensaciones que he disfrutado (y sufrido un poco) recorriendo los 42,195 kilómetros de la maratón de mi ciudad. Os cuento cómo ha sido mi primera experiencia en la maratón.


La semana previa: la semana del infierno

Si me llegan a decir que la semana previa a la maratón incluía esa montaña rusa de emociones, esas noches durmiéndome a las tres de la mañana, esa dificultad para concentrarme en lo que me tocaba hacer... quizás me lo hubiese pensado dos veces.

En serio, esta última semana fue una mezcla de sube y baja de autoestima (ahora me veo capaz de terminar, ahora no; ahora me visualizo cruzando la meta y ahora creo que me voy a quedar colgada en el kilómetro cinco), de subirme por las paredes por "no poder salir a correr" (por poder, podía, pero no era lo que debía hacer, claro), de tener el estómago cerrado aun sabiendo que tenía que hacer la carga de hidratos... Ni antes del examen del carnet de conducir lo había pasado así, oye.

Si para mí fue un lío importante, más lo fue para todos los que tuvieron que "aguantarme": llamadas, whatsapps, conversaciones a horas intempestivas, "¿maratón? ¿qué maratón?". Chavales, ¡esta medalla es tan mía como vuestra!.


La previa y los nervios, ¡esto comienza ya!

¡Mejor escoltada no podía ir! (Foto de Juan Seguí)

Llega el "día D" y hemos quedado a las 8:00 para ir creando ambiente. El metro hasta los topes de runners: algunos llevaban en la mirada ese "quién me mandaría a mí...", otros parecían tranquilos, los más, como yo, estábamos atacadísimos, con los nervios a flor de piel.

Y al llegar al Ayuntamiento, comienza la mejor parte de la carrera: pude saludar a muchos compañeros que también correrían conmigo, muchos de ellos Drinking Runners, que te dan ese chute de energía tan necesario para encarar la carrera con la mejor de las sonrisas (podría ponerme a decir nombres, pero no acabaría nunca: Ángel, Lorena, Miguel Ángel, Pedro, Rai, María, Pablo...). Mención especial para aquellos que vinieron a animar (Pedro, Jorge y compañía), ¡y cómo animaron! De lo mejor de la maratón, sin duda.

Hago equipo con Chema y con dos chicas ultra-majas que me presentan: Raquel y Cristina. Encontramos a Laura ya a punto de entrar en el cajón de salida ¡y vámonos, que esto empieza!

36 kilómetros disfrutando (que se dice pronto)

¡Los Drinking Runners siempre animando! (Foto de Palabra de Runner)
Pasamos por el arco de salida (después de 15 minutos eternos) ¡y ya estamos en marcha! Subimos la Castellana tranquilísimos, a 6:30, que era justo el ritmo que pensaba llevar durante toda la carrera. Pero claro... cuando ves que ya estás arriba y que te toca bajar Bravo Murillo, pues descontrolas un poco: vamos a 6:00, pero me siento bien, así que dale. Llevamos ya 10 kilómetros y voy más fresca que una lechuga: esto va bien, muy bien.

Llegamos a Cuatro Caminos y enfilamos Raimundo Fernández Villaverde con sus toboganes. Pillamos Joaquín Costa, saludamos a Florentino Pérez, que andaba por allí de charleta en medio de la calle (true story, aproveché para darle ánimos para el partido de la tarde, aunque no sirvió de mucho) y sigue baja que te baja hasta que llegamos a Almagro. Ya estamos en el 15, voy fenomenal y seguimos a 6:00: no me lo creo ni yo.

Comienza la subidita de Santa Engracia, y aquí empezó el desmadre: Laura se ve fuerte así que le digo "tú tira, que ya te pillaremos". Unos metros más atrás hemos perdido a las chicas, pero sabemos que van juntas, y unos metros más adelante Chema me dice "tú tira para adelante". estaba en mi antiguo barrio, donde he vivido y trabajado hasta los 22 años, me veía muy bien y con un ritmo mejor del que esperaba llevar, sabía que mi madre estaba en el 18 esperándome con agua y un gel, y no me lo pensé: allá que vamos, a la aventura.

Llego al 18 donde están mis padres esperándome, y me reciben como si acabara de ganar el oro en las Olimpiadas. "¡Anda, pero si se te ve muy bien! Hala, venga, tira que te queda mucho aun, ¡te vemos en el 31!". Pues tira para abajo San Bernardo, ya con el subidón que me podría durar otros 5 kilómetros y sabiendo que mis amigos están esperándome en el 21. Increíble el paso por Callao y la Puerta del Sol, animando al público (sí, había grandes animadores pero también había gente un poco sosa, así que había que apoyarles) y ya estamos en el 20. Sigo a 6:00, lo flipo pero voy muy bien, así que venga.

Kilómetro 21, ya hemos pasado la primera mitad y mis amigos me están esperando un poco más adelante. Premonitoriamente comienzan a sonar las canciones de Disney de mi playlist (sí, somos chicos Disney, así somos nosotros) y ya los veo: mis gritos se escuchan hasta en Gerona, ¡ueeeeeeeee! Me paro (y paro el Garmin, yo soy así), saludo a los chicos y a Teo, el perrete de Patri que también ha venido a animar, bebo agua, "vas muy bien: no estás roja, estás cuqui", y seguimos hacia adelante, que todavía nos queda lo mejor.

Maravillosa la bajada del parque del Oeste, una de las partes de la carrera que más disfruté. Llegamos a la Avenida de Valladolid: ya comienza a hacer un poco de calor y veo a las primeras personas que necesitan asistencia. "Venga, tira, ¡este es tu barrio!" Estaba deseando entrar en la Casa de Campo, MI CASA. En Príncipe Pío me encuentro a Ángel, más ánimos para seguir corriendo, y vámonos que ya estamos ahí.

Me habían dicho que la Casa de Campo era algo tipo The Walking Dead, pero es que no me lo imaginaba así: mucha (¡mucha!) gente caminando y algunos con asistencia. Sabía que en el 28 estaban mis compañeros de swing, Sara y Javi, esperándome con agua y un gel, así que me animo. Llego al 28 y no están, llego al 29 y no están: ganas de matar aumentando. Subo la cuesta de Lago corriendo y animada por unos Drinking Runners que andaban por allí y llego al 30 en Avenida de Portugal. He bajado el ritmo hasta 6:26, pero esto ya está hecho.

Sigo corriendo por mi barrio, en un recorrido que había hecho la tarde anterior caminando y en el kilómetro 31 me esperan mi padre y Kira ¡y aparecen por sorpresa Javi y Sara! Alegrón, abrazos, "ya os iba a matar", besotes, "toma el gel", un par de fotos, "guau, guau" y "¡venga, que ya solo te quedan 10! ¡como una tirada de domingo!".

Sigo corriendo buscando la sombra: el sol ya va picando mucho. Cruzamos el puente de San Isidro y vámonos de vuelta otra vez por todo Madrid Río. Conozco la zona: es por donde entreno habitualmente, así que voy tranquila, pero pensando en la cuesta del parque de Atenas, que se las trae. Y, cuando llego al puente de Segovia... ¡allí están Javi y Sara de nuevo! Los muy campeones no solo me saludan, ¡sino que se suben corriendo la cuesta conmigo! Veo a Ángel a unos metros, que por lo visto se ha recorrido todo Madrid: "¡venga, vente, que subimos todos!" Y así fue como subí la cuesta del Parque de Atenas, con una escolta de lujo y sin darme apenas cuenta. Sois la leche.

Enfilo el Paseo Imperial y... bueno, siguiente capítulo.

Y 6 kilómetros de infierno

¡Ultra fan de esta foto! (Foto de Palabra de Runner)

Estoy en el 36 y la rodilla ya va diciendo que enough is enough, que quiere tiempo muerto y que de qué va eso de meterse 42 kilómetros p'al cuerpo en el mismo día. Me paro a beber agua en el avituallamiento: ¡eeeeerroooooor! Cuando quiero volver a ponerme en marcha tengo la rodilla derecha rígida, como si tuviera una pata de palo: ya me había pasado antes, en la tirada larga, y sabía que si seguía corriendo se me pasaría en unos metros, pero no consigo acelerar la marcha. "Madre mía, ni de coña me quedo en el 36, ni hablar, no way".

Sigo unos kilómetros combinando unos minutos de caminata y lo que puedo de carrera (a la velocidad de una tortuga coja, más o menos): me duele la rodilla al caminar, al pararme y al correr. Fenomenal. Estoy en Acacias y de repente oigo desde una ventana "¡venga, Raquel, que tú puedes!". Lo flipo porque son Sonsoles y sus padres, que han sido vecinos míos de toda la vida y se mudaron hace unos años. Empujón de energía, "venga, que no queda nada". Veo Atocha desde aquí, pero me da la impresión de que se aleja en vez de acercarse.

Ya estoy en Atocha y me encuentro a mi amiga Patri y a Sergio, que estaban haciendo fotos: "¿estás bien? ¿es la rodilla?" Se nota que me conoce desde hace años. "¡Venga, venga, que te quedan menos de cinco!".

Sigo combinando como puedo caminata y carrera y, en el 39, los Drinking Runners con el megáfono. Toca correr, más o menos. Mucha energía en forma de gritos de ánimo en el momento más necesario de toda la carrera: en serio, GRACIAS por estar ahí, es el lugar perfecto y el momento perfecto.

Continúo entre mucha frustración: quiero correr porque tengo energía, pero me duele mucho, mucho y no soy capaz. Camino deprisa hasta el 41 aproximadamente y me voy encontrando a gente "¿estás bien" ¿puedes llegar?". Intento echar una última carrera, hay que entrar corriendo al Retiro al menos. Llego a la puerta y está Lorena animando: ¡subidón del bueno! Ya estoy dentro, solo queda pasar los arcos. A 20 metros de la meta empieza a sonar You shook me all night long, ¡menuda entrada! Ya está, he llegado: YA SOY MARATONIANA.


42 kilómetros y una reflexión final


No me lo creo: ¡42 kilómetros! ¿Quién me lo iba a decir a mí cuando hace unos años renegaba de correr? "Que no, que a mí lo que me gusta es levantar pesas: correr es un rollo". Si me llegan a decir que iba a disfrutar durante más de 35 kilómetros de una carrera, les hubiera dicho que estaban loquísimos.

Son extrañas las sensaciones que te produce correr un maratón: momentos de una satisfacción enorme, momentos de duda, de frustración, de desánimo, momentos con una tremenda energía... Momentos para recordar, al fin y al cabo, para lo bueno y para lo malo. El ambiente que se respira en la maratón no es comparable al de ninguna otra carrera: mira que en otras medias maratones había pensado (y dicho en voz alta) "estoy hasta las narices de correr ya", pero en la maratón no fue así, y es el doble de distancia. Quería correr, quería seguir, quería llegar a meta y disfrutar de los kilómetros: una experiencia totalmente nueva para mí.

Quizás una carrera con este tipo de exigencia tanto física como mental era lo que necesitaba para salir de mi zona de confort, para realmente apreciar lo bonito que es correr, para convencerme de que soy capaz de esto y de mucho más, aunque yo no lo tuviera tan claro unos meses atrás.

De esta maratón me quedo con un montón de buenos recuerdos y también con los malos momentos de los que estoy segura que puedo aprender. Pero, sobre todo, me quedo con toda esa gente que ha salido a la calle a animarnos, con los que hemos compartido kilómetros, sensaciones y energía. Y muchas, muchas muchas gracias a Alberto, que me ha hecho las cosas tan fáciles durante estos meses: ¡eres el mejor!.

Si la rodilla lo permite nos vamos a Florencia este invierno ¡porque esto hay que repetirlo!




Esto es todo lo que me ha enseñado entrenar para una maratón



Estamos ya a escasos días del "día D": el 23 de abril correré mi primera maratón, y no podría hacerlo en otro sitio que no fuera mi ciudad, Madrid, con sus cuestas (que tanto me gustan, aunque me pasen factura), con su gente animando, con su espectacular recorrido y con el día de sol y calor que parece que nos acompañará durante los 42 kilómetros.

Llevo ya muchos meses entrenando de forma específica para la maratón, y no voy a negar que a estas alturas me encuentro un poco cansada. Es una mezcla extraña de sentimientos: por momentos estoy deseando que llegue ya el día de correr, pero de repente me entra el miedo a no hacerlo bien, a quedarme por el camino, a que la rodilla no responda o a pasarlo demasiado mal y querer bajarme antes de tiempo. Supongo que es una sensación que acompaña a la mayoría de los maratonianos en su estreno.

Si a algo me ha dado tiempo durante todos estos meses es a aprender, y además a aprender de todo y de todos. Allá va un resumen de lo más importante: todo esto (y cosas que, seguro, me dejo por el camino) es lo que me ha enseñado el entrenamiento de la maratón.

- El running te devuelve exactamente lo que tú le das: ni más, ni menos. Lo que inviertes en tus entrenamientos es lo que estos te devuelven con el paso del tiempo. De ahí la importancia de la constancia, el trabajo día sí y día también y la actitud positiva ante un reto, para mí, tan grande.

- Hay días buenos y días malos, pero no desesperes: el cuerpo no siempre responde igual ante el estímulo del entrenamiento. Hay días en los que todo sale a pedir de boca, y eso es genial, mientras que hay otros en los que el entrenamiento más sencillo te puede costar la vida entera. Pero le echas huevos y lo terminas. Quédate con eso: de eso es de lo que te tienes que acordar mientras estás corriendo los 42 kilómetros.

- Mind over matter, la mente sobre la materia: la maratón es una carrera en la que el trabajo de la cabeza es igual o más importante que el de las piernas. Por norma general, si has entrenado bien, las piernas aguantan; pero como la cabeza diga que no sigue, amigo, estás perdido. Trabajar la mente quizás haya sido la parte más difícil de todo el entrenamiento estos meses: actitud positiva, sonrisa y adelante.

- Mejor en buena compañía: yo antes era más partidaria de entrenar sola y a mi bola... Hasta que han llegado las tiradas largas de más de 15 kilómetros, claro. Esas tiradas que, si vas sola se te hacen eternas, hacerlas en buena compañía son un placer. He tenido la enorme suerte de encontrar a gente que, o bien corría a mi mismo ritmo, o bien han sido tan majos de animarse a llevar mi trote de tortuga durante distancias bastante largas, ya hayan sido carreras o salidas de entrenamiento. A todos vosotros, que ya sabéis de sobra quiénes sois, ¡gracias por hacerme el camino más ameno y por darme tantos consejos bonitos!

Como digo, me dejo cosas por el camino, pero estas son las más importantes a nueve días de la maratón. Ahora solo queda descansar, confiar, mantenernos muy positivos y coger esos 42 kilómetros con muchas ganas para triunfar el día 23 de abril.

Felices kilómetros a todos, ¡y a por ello!


Cómo entrenar y cómo alimentarte para aumentar tu masa muscular


Muchas de las personas que se acercan por primera vez a un gimnasio lo hacen con el deseo de aumentar su masa muscular, que viene a ser el paso previo antes de definirlo después. Ganar músculo es el reto de muchos chicos y chicas cuando se enfrentan a la sala de pesas, así que vamos a sentar las pautas básicas en entrenamiento y alimentación para conseguir que se convierta en realidad.

Antes de empezar tenemos que tener un par de cosas claras:
  • Como todo proceso en el fitness, el aumento de masa muscular no sucede de un día para otro, sino que es un proceso largo en el que tendremos que contar con dos factores clave: la paciencia y la perseverancia.

  • Antes de pasar a definir tus músculos (a marcarlos con un porcentaje bajo de grasa)... ¡necesitas tener músculos que marcar! Por eso la fase de volumen o hipertrofia siempre va antes que la de definición: primero creas músculo, después lo defines.

Aclarado esto, vamos con esas pautas básicas de nutrición y entrenamiento.

Cómo entrenar para ganar masa muscular

Existen diferentes métodos y rutinas para aumentar la masa muscular: esto no quiere decir que unos sean correctos y otros no, sino que puede que algunos sean más eficaces en un momento dado de nuestro entrenamiento (como la rutina 10x10 de volumen alemán, que nos sirve para salir del estancamiento) o según tus propias preferencias.

Aunque cada persona es distinta, sí que podemos hablar de una serie de generalidades que nos afectan a todos por igual (pero que podemos adaptar a nuestras circunstancias personales después), como el número de series, el peso a mover o los ejercicios a realizar.

  • ¿Cuántos días y cuánto tiempo entreno? Lo más inteligente aquí es utilizar la máxima de “más no es mejor”. Para una rutina de hipertrofia podemos entrenar unos tres o cuatro días a la semana durante 50-90 minutos cada vez (¡ojo! incluyendo series de calentamiento, descansos entre series, etc). No hace falta que nos pasemos la vida en el gimnasio si entrenamos de manera inteligente.

  • ¿Cuántas series y cuántas repeticiones tengo que hacer? Muchos dicen que lo óptimo para hipertrofiar los músculos son 24 series de 8 repeticiones por sesión (en total, contando todos los ejercicios que hagamos). No es algo que tengamos que llevar al pie de la letra, pero sí nos puede ayudar a la hora de establecer una rutina efectiva. No es necesario llegar siempre al fallo muscular y recuerda dejar un tiempo prudencial de descanso entre las series (unos dos minutos es suficiente).

  • ¿Qué ejercicios escojo y cómo los organizo? En las rutinas de hipertrofia es importante que la mayor parte de los ejercicios sean multiarticulares, que requieren más energía pero a la vez nos hacen producir más hormona del crecimiento; estos son ejercicios que implican varios grandes grupos musculares, como pueden ser las dominadas, las sentadillas o el peso muerto. Después de estos ejercicios podemos incluir los dedicados a ciertos músculos en concreto (curl de bíceps, press de tríceps…). A la hora de organizarlos podemos optar por realizar grupos según el tipo de ejercicio que vamos a realizar (tirón o empujón) o según la localización de los músculos en el cuerpo.

Cómo alimentarme para ganar masa muscular

Muchas veces aquí está el quid de la cuestión: hay muchas personas que entrenan, entrenan y entrenan (y además entrenan duro) y no son capaces de crecer debido a que no prestan una atención adecuada a su alimentación.

La alimentación es clave para conseguir tus objetivos en fitness, sobre todo si lo que estás buscando es aumentar tu masa muscular. Para conseguirlo, lo primero que debes saber es que tendrás que llevar una dieta hipercalórica, es decir: consumir más calorías de las que requiere tu cuerpo al final del día.

Para saber cuántas calorías necesita tu cuerpo a diario puedes usar la fórmula de Harris- Benedict: para hacértelo más fácil, en algunas webs disponen de una calculadora on-line en la que solo tienes que introducir algunos datos como tu edad, peso y altura. A esto le debemos sumar las calorías que gastamos moviéndonos y haciendo deporte a lo largo del día, y al resultado le sumamos un superávit de unas 200 o 300 calorías (siempre de forma gradual) para conseguir una dieta hipercalórica.

Conocer nuestro gasto calórico total junto con otros datos como el IMC, apuntes sobre nuestro estilo de vida (¿somos personas activas o sedentarias?), sobre nuestra alimentación (¿hemos hecho dietas antes? ¿comemos las suficientes raciones de frutas y verduras diarias?) y sobre nuestras limitaciones físicas nos ayudará a la hora de establecer nuestra dieta. Esta calculadora on-line también te puede ayudar.

Lo más importante en este tipo de dietas (en todas en realidad) es que basemos nuestra alimentación en alimentos de buena calidad siempre que sea posible para llegar a nuestros requerimientos de macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas). Un buen reparto de nutrientes cuando queremos aumentar masa muscular puede ser el siguiente:

  • 35-45% de hidratos de carbono
  • 20-35% de proteínas
  • 15-25% de grasas

Algo muy habitual es que no seamos capaces de llegar a estos macros a través de los alimentos, porque suele ser una cantidad alta de comida, sobre todo si buscamos aumentar nuestra masa muscular. En este caso, es buena idea recurrir a los suplementos alimenticios, como los batidos de proteínas (normalmente la proteína es en lo que nos quedamos cortos), que podemos consumir en forma de batido con agua o leche o incluirlos en otras recetas para preparar tortitas o un bizcocho fitness, por ejemplo.

No debemos olvidar que dieta, entrenamiento y descanso van siempre de la mano, y que uno no funciona si no tenemos en cuenta a los otros dos: son como un triciclo en el que las tres ruedas deben funcionar juntas para lograr nuestros objetivos fitness.

Imágenes | Pixabay

#RoadToMarathon: 12 semanas de entrenamiento específico



Poco a poco va quedando menos para el que va a ser el gran reto de la primera mitad de año: la maratón de Madrid. Hemos dejado por el camino ya un par de medias maratones, y desde hace un par de semanas ya he comenzado con la preparación específica para correr los 42 kilómetros. ¿Cómo lo estoy haciendo? Os lo cuento a continuación.

Entrenar para una maratón no tiene nada que ver con nada que haya hecho antes: quizás el entrenamiento específico para mi primera media maratón del año pasado puede parecerse un poco, pero lo cierto es que el volumen de entrenamiento es mayor, el número de kilómetros semanales es más alto, estoy haciendo entrenamientos más variados y el entrenamiento de fuerza (sobre todo de tren inferior) tiene bastante más importancia.

Por supuesto, tengo a alguien que me está ayudando con los entrenamientos: yo soy entrenadora personal y tengo una muy buena base de conocimiento de entrenamiento de fuerza, funcional y de Pilates. Pero si hablamos de carrera hay muchas cosas que se me escapan, así que la ayuda que me están brindando desde fuera se me hace indispensable. Si vais a preparar una maratón, dejaos asesorar por profesionales del sector o personas de vuestra confianza que puedan serviros de guía y acompañaros por el camino.

Ahora mismo estoy haciendo cuatro días de carrera a la semana, incluyendo tiradas largas, salidas tranquilas, series y cuestas. También tengo un par de días de entrenamiento de fuerza para todo el cuerpo, pero haciendo hincapié en el tren inferior.

Meter tanto volumen de trabajo me está costando un poco, la verdad, y hay algunos días en los que me encantaría quedarme en casa (mentiría si os dijera lo contrario). Pero tengo presente que esto es "sufrir un poco ahora o sufrir MUCHO el día de la maratón" y, obviamente, prefiero la primera opción.

Tampoco me olvido del entrenamiento mental, para mí una de las cosas más importantes: durante el invierno he hecho muchos entrenamientos en cinta que, no os voy a mentir, son la cosa más aburrida que te puedes echar a la cara. Pero con estos entrenamientos y las tiradas largas, algunas de ellas sola, sé que me hago más fuerte y que en el futuro me ayudará a enfrentar los 42 kilómetros el próximo 23 de abril.

Ahora nos queda lo más importante: cumplir con los entrenamientos y dar lo mejor de mí misma hasta el día 23. Próximas citas importantes: Tractorismo Race el 5 de marzo, Media Maratón de Aranjuez el 12 de marzo y Media Maratón de Madrid el 2 de abril, go!