10 Km Villa de Aranjuez: lo que sientes cuando te deshidratas en una carrera

9:00 Lady Fitness 0 Comments


Este domingo he corrido la XXXII Carrera Popular Villa de Aranjuez: un precioso 10K que discurre por los preciosos jardines de esta localidad, considerados Patrimonio de la Humanidad. ¿Se os ocurre un lugar mejor para organizar una carrera?

La idea era bajar de 56 minutos, que era el tiempo que había hecho en el Derbi de las Aficiones el mes pasado (podéis ver el vídeo de la carrera aquí): el Derbi es casi todo bajada, y la carrera de Aranjuez es muy llana, así que me fijé ese objetivo a batir. Me pasé en 55 segundos según mi reloj, y en 10 segundos según el tiempo real de la carrera. Y sé por qué fue: la deshidratación, que me hizo pasarlo fatal en el último kilómetro. Os cuento cómo fue, y cómo tomar medidas para la próxima vez.


Primeros kilómetros: a gusto y en orden

Los primeros kilómetros fueron a pedir de boca: salí con mi hermano y con otro amigo, y al principio fuimos muy lentos. Había muchísima gente y era difícil correr hasta que llegamos al kilómetro dos: allí les dije "chavales, ¡pilas!", ¡y vaya si se las pusieron!.

Mi hermano me dejó atrás en el dos y medio, más o menos: corre más y mejor que yo, así que hala, nos vemos en la meta. Seguí con el otro amigo, que en el kilómetro cuatro también se fue hacia delante y me reenganché con otro grupo de amigos que encontré: íbamos cómodos, pasamos por el kilómetro 7 justo en 40 minutos, y yo encantada de la vida.

Km 7'5: primeros dolores de cabeza



Hacia el 7'5 ya me empecé a encontrar un poco mal: me dolía la cabeza a rabiar, con cada paso que daba. Los del grupo me preguntaron qué tal iba, y les dije que tiraran para adelante, yo seguiría a mi ritmo. Miraba el TomTom y veía que iba a 05:42Km/min, un poco más lenta de lo que tenía planeado, y me empecé a agobiar. ¡Con lo bien que había ido hasta entonces!

La verdad es que a esas alturas pensé en parar, ¡pero había tanta gente animando! Niños que te chocaban la mano, familias enteras aplaudiendo... y dije "venga, si puedo llegar". Pero ya solo pensaba en que quería terminar lo antes posible.

El último kilómetro: el más duro de todos



Llegados al kilómetro nueve, no veía la hora de cruzar la meta. Me seguía doliendo la cabeza y encima me empezaron a dar escalofríos. Tenía muchísimo calor (llevaba una camiseta de manga larga y, encima de ella, la camiseta de la carrera, que también era de manga larga) pero no quería perder ni un segundo en pararme a quitarme la camiseta de arriba. Me notaba las piernas heladas y sudores fríos de cintura para arriba, y me quería parar.

Así que me paré. A 700 metros de la meta. La verdad es que estaba un poco asustada porque no sabía qué me pasaba: ¡no me había pasado nunca! Cuando entreno, si tengo calor me paro, me quito la chaqueta y sigo para adelante. Dos señoras que venían detrás de mí me animaron a seguir, así que me puse a su altura y seguí unos metros más.

Intenté subir el ritmo, "venga, Raquel, ¡que es el último kilómetro!", pero las piernas no me respondían: era como si me pesaran una tonelada y encima seguía con escalofríos. Y me volví a parar a menos de 500 metros de la meta, ¡si ya la podía ver! No sabéis lo frustrante que era querer moverse y no poder casi hacerlo.

Al final terminé trotando, y en los últimos 100 metros hice un pseudo-sprint, todo lo deprisa que me dejaban las piernas. Crucé la meta, pero me encontraba fatal. No me quería parar así que seguí caminando, cogí mi bolsa, me bebí de un trago el Powerade y me fui a un baño a echarme agua.

Pero, ¿qué fue lo que me pasó?

Estaba un poco decepcionada: si no me hubiese parado en el último kilómetro podría haber bajado de 56 minutos seguro. Pero ahora tocaba pensar sobre por qué me había ocurrido esto. Y pensando en por qué se da el dolor de cabeza y los escalofríos en carrera, llegué a la inevitable conclusión: me había deshidratado.

La noche anterior no había cuidado especialmente mi hidratación, ni mucho menos la mañana de la carrera: con los nervios, pues ya se sabe, un par de cafés y a correr. Hacía más calor de lo que yo esperaba e iba muy abrigada, sudando a chorros. Uní todos los factores y en seguida supe por qué me había encontrado tan mal.

¿Cómo cuidamos la hidratación antes de una carrera?

Si la carrera es por la mañana, como la mayoría de las veces, lo que comes y bebes la noche anterior es crucial. Beber agua antes y después de la cena (sin excedernos) es importante para llegar en buenas condiciones a la carrera.

El día de la carrera es importante mantenerse bien hidratado: beber pequeños sorbitos de agua desde después de desayunar hasta el inicio de la carrera nos ayudará a mantenernos hidratados. Un café no es suficiente (ni dos). Bebe agua porque la vas a necesitar.

Ten en cuenta la temperatura que se espera para la carrera y no te pases abrigándote: mejor pasar un poco de frío al principio que mucho calor a partir del kilómetro dos (¡gracias a @contadordekm y a @albBarrantes por los tips!).

Y ahora a seguir entrenando aprendiendo de lo que me ha pasado y a no dejar de mejorar. Run, Lady, run!

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