La emoción de recorrer 42 kilómetros: ¡ya soy maratoniana! Así ha sido mi primera maratón

18:58 Lady Fitness 3 Comments



Todavía estoy con el subidón de ayer. De hecho, creo que tengo más subidón hoy, viendo las cosas con perspectiva, que el que tenía ayer cruzando la meta de la Maratón de Madrid. Porque sí: ¡ya soy maratoniana! Los entrenamientos y el tiempo dedicado ha valido la pena muchísimo por todas las sensaciones que he disfrutado (y sufrido un poco) recorriendo los 42,195 kilómetros de la maratón de mi ciudad. Os cuento cómo ha sido mi primera experiencia en la maratón.


La semana previa: la semana del infierno

Si me llegan a decir que la semana previa a la maratón incluía esa montaña rusa de emociones, esas noches durmiéndome a las tres de la mañana, esa dificultad para concentrarme en lo que me tocaba hacer... quizás me lo hubiese pensado dos veces.

En serio, esta última semana fue una mezcla de sube y baja de autoestima (ahora me veo capaz de terminar, ahora no; ahora me visualizo cruzando la meta y ahora creo que me voy a quedar colgada en el kilómetro cinco), de subirme por las paredes por "no poder salir a correr" (por poder, podía, pero no era lo que debía hacer, claro), de tener el estómago cerrado aun sabiendo que tenía que hacer la carga de hidratos... Ni antes del examen del carnet de conducir lo había pasado así, oye.

Si para mí fue un lío importante, más lo fue para todos los que tuvieron que "aguantarme": llamadas, whatsapps, conversaciones a horas intempestivas, "¿maratón? ¿qué maratón?". Chavales, ¡esta medalla es tan mía como vuestra!.


La previa y los nervios, ¡esto comienza ya!

¡Mejor escoltada no podía ir! (Foto de Juan Seguí)

Llega el "día D" y hemos quedado a las 8:00 para ir creando ambiente. El metro hasta los topes de runners: algunos llevaban en la mirada ese "quién me mandaría a mí...", otros parecían tranquilos, los más, como yo, estábamos atacadísimos, con los nervios a flor de piel.

Y al llegar al Ayuntamiento, comienza la mejor parte de la carrera: pude saludar a muchos compañeros que también correrían conmigo, muchos de ellos Drinking Runners, que te dan ese chute de energía tan necesario para encarar la carrera con la mejor de las sonrisas (podría ponerme a decir nombres, pero no acabaría nunca: Ángel, Lorena, Miguel Ángel, Pedro, Rai, María, Pablo...). Mención especial para aquellos que vinieron a animar (Pedro, Jorge y compañía), ¡y cómo animaron! De lo mejor de la maratón, sin duda.

Hago equipo con Chema y con dos chicas ultra-majas que me presentan: Raquel y Cristina. Encontramos a Laura ya a punto de entrar en el cajón de salida ¡y vámonos, que esto empieza!

36 kilómetros disfrutando (que se dice pronto)

¡Los Drinking Runners siempre animando! (Foto de Palabra de Runner)
Pasamos por el arco de salida (después de 15 minutos eternos) ¡y ya estamos en marcha! Subimos la Castellana tranquilísimos, a 6:30, que era justo el ritmo que pensaba llevar durante toda la carrera. Pero claro... cuando ves que ya estás arriba y que te toca bajar Bravo Murillo, pues descontrolas un poco: vamos a 6:00, pero me siento bien, así que dale. Llevamos ya 10 kilómetros y voy más fresca que una lechuga: esto va bien, muy bien.

Llegamos a Cuatro Caminos y enfilamos Raimundo Fernández Villaverde con sus toboganes. Pillamos Joaquín Costa, saludamos a Florentino Pérez, que andaba por allí de charleta en medio de la calle (true story, aproveché para darle ánimos para el partido de la tarde, aunque no sirvió de mucho) y sigue baja que te baja hasta que llegamos a Almagro. Ya estamos en el 15, voy fenomenal y seguimos a 6:00: no me lo creo ni yo.

Comienza la subidita de Santa Engracia, y aquí empezó el desmadre: Laura se ve fuerte así que le digo "tú tira, que ya te pillaremos". Unos metros más atrás hemos perdido a las chicas, pero sabemos que van juntas, y unos metros más adelante Chema me dice "tú tira para adelante". estaba en mi antiguo barrio, donde he vivido y trabajado hasta los 22 años, me veía muy bien y con un ritmo mejor del que esperaba llevar, sabía que mi madre estaba en el 18 esperándome con agua y un gel, y no me lo pensé: allá que vamos, a la aventura.

Llego al 18 donde están mis padres esperándome, y me reciben como si acabara de ganar el oro en las Olimpiadas. "¡Anda, pero si se te ve muy bien! Hala, venga, tira que te queda mucho aun, ¡te vemos en el 31!". Pues tira para abajo San Bernardo, ya con el subidón que me podría durar otros 5 kilómetros y sabiendo que mis amigos están esperándome en el 21. Increíble el paso por Callao y la Puerta del Sol, animando al público (sí, había grandes animadores pero también había gente un poco sosa, así que había que apoyarles) y ya estamos en el 20. Sigo a 6:00, lo flipo pero voy muy bien, así que venga.

Kilómetro 21, ya hemos pasado la primera mitad y mis amigos me están esperando un poco más adelante. Premonitoriamente comienzan a sonar las canciones de Disney de mi playlist (sí, somos chicos Disney, así somos nosotros) y ya los veo: mis gritos se escuchan hasta en Gerona, ¡ueeeeeeeee! Me paro (y paro el Garmin, yo soy así), saludo a los chicos y a Teo, el perrete de Patri que también ha venido a animar, bebo agua, "vas muy bien: no estás roja, estás cuqui", y seguimos hacia adelante, que todavía nos queda lo mejor.

Maravillosa la bajada del parque del Oeste, una de las partes de la carrera que más disfruté. Llegamos a la Avenida de Valladolid: ya comienza a hacer un poco de calor y veo a las primeras personas que necesitan asistencia. "Venga, tira, ¡este es tu barrio!" Estaba deseando entrar en la Casa de Campo, MI CASA. En Príncipe Pío me encuentro a Ángel, más ánimos para seguir corriendo, y vámonos que ya estamos ahí.

Me habían dicho que la Casa de Campo era algo tipo The Walking Dead, pero es que no me lo imaginaba así: mucha (¡mucha!) gente caminando y algunos con asistencia. Sabía que en el 28 estaban mis compañeros de swing, Sara y Javi, esperándome con agua y un gel, así que me animo. Llego al 28 y no están, llego al 29 y no están: ganas de matar aumentando. Subo la cuesta de Lago corriendo y animada por unos Drinking Runners que andaban por allí y llego al 30 en Avenida de Portugal. He bajado el ritmo hasta 6:26, pero esto ya está hecho.

Sigo corriendo por mi barrio, en un recorrido que había hecho la tarde anterior caminando y en el kilómetro 31 me esperan mi padre y Kira ¡y aparecen por sorpresa Javi y Sara! Alegrón, abrazos, "ya os iba a matar", besotes, "toma el gel", un par de fotos, "guau, guau" y "¡venga, que ya solo te quedan 10! ¡como una tirada de domingo!".

Sigo corriendo buscando la sombra: el sol ya va picando mucho. Cruzamos el puente de San Isidro y vámonos de vuelta otra vez por todo Madrid Río. Conozco la zona: es por donde entreno habitualmente, así que voy tranquila, pero pensando en la cuesta del parque de Atenas, que se las trae. Y, cuando llego al puente de Segovia... ¡allí están Javi y Sara de nuevo! Los muy campeones no solo me saludan, ¡sino que se suben corriendo la cuesta conmigo! Veo a Ángel a unos metros, que por lo visto se ha recorrido todo Madrid: "¡venga, vente, que subimos todos!" Y así fue como subí la cuesta del Parque de Atenas, con una escolta de lujo y sin darme apenas cuenta. Sois la leche.

Enfilo el Paseo Imperial y... bueno, siguiente capítulo.

Y 6 kilómetros de infierno

¡Ultra fan de esta foto! (Foto de Palabra de Runner)

Estoy en el 36 y la rodilla ya va diciendo que enough is enough, que quiere tiempo muerto y que de qué va eso de meterse 42 kilómetros p'al cuerpo en el mismo día. Me paro a beber agua en el avituallamiento: ¡eeeeerroooooor! Cuando quiero volver a ponerme en marcha tengo la rodilla derecha rígida, como si tuviera una pata de palo: ya me había pasado antes, en la tirada larga, y sabía que si seguía corriendo se me pasaría en unos metros, pero no consigo acelerar la marcha. "Madre mía, ni de coña me quedo en el 36, ni hablar, no way".

Sigo unos kilómetros combinando unos minutos de caminata y lo que puedo de carrera (a la velocidad de una tortuga coja, más o menos): me duele la rodilla al caminar, al pararme y al correr. Fenomenal. Estoy en Acacias y de repente oigo desde una ventana "¡venga, Raquel, que tú puedes!". Lo flipo porque son Sonsoles y sus padres, que han sido vecinos míos de toda la vida y se mudaron hace unos años. Empujón de energía, "venga, que no queda nada". Veo Atocha desde aquí, pero me da la impresión de que se aleja en vez de acercarse.

Ya estoy en Atocha y me encuentro a mi amiga Patri y a Sergio, que estaban haciendo fotos: "¿estás bien? ¿es la rodilla?" Se nota que me conoce desde hace años. "¡Venga, venga, que te quedan menos de cinco!".

Sigo combinando como puedo caminata y carrera y, en el 39, los Drinking Runners con el megáfono. Toca correr, más o menos. Mucha energía en forma de gritos de ánimo en el momento más necesario de toda la carrera: en serio, GRACIAS por estar ahí, es el lugar perfecto y el momento perfecto.

Continúo entre mucha frustración: quiero correr porque tengo energía, pero me duele mucho, mucho y no soy capaz. Camino deprisa hasta el 41 aproximadamente y me voy encontrando a gente "¿estás bien" ¿puedes llegar?". Intento echar una última carrera, hay que entrar corriendo al Retiro al menos. Llego a la puerta y está Lorena animando: ¡subidón del bueno! Ya estoy dentro, solo queda pasar los arcos. A 20 metros de la meta empieza a sonar You shook me all night long, ¡menuda entrada! Ya está, he llegado: YA SOY MARATONIANA.


42 kilómetros y una reflexión final


No me lo creo: ¡42 kilómetros! ¿Quién me lo iba a decir a mí cuando hace unos años renegaba de correr? "Que no, que a mí lo que me gusta es levantar pesas: correr es un rollo". Si me llegan a decir que iba a disfrutar durante más de 35 kilómetros de una carrera, les hubiera dicho que estaban loquísimos.

Son extrañas las sensaciones que te produce correr un maratón: momentos de una satisfacción enorme, momentos de duda, de frustración, de desánimo, momentos con una tremenda energía... Momentos para recordar, al fin y al cabo, para lo bueno y para lo malo. El ambiente que se respira en la maratón no es comparable al de ninguna otra carrera: mira que en otras medias maratones había pensado (y dicho en voz alta) "estoy hasta las narices de correr ya", pero en la maratón no fue así, y es el doble de distancia. Quería correr, quería seguir, quería llegar a meta y disfrutar de los kilómetros: una experiencia totalmente nueva para mí.

Quizás una carrera con este tipo de exigencia tanto física como mental era lo que necesitaba para salir de mi zona de confort, para realmente apreciar lo bonito que es correr, para convencerme de que soy capaz de esto y de mucho más, aunque yo no lo tuviera tan claro unos meses atrás.

De esta maratón me quedo con un montón de buenos recuerdos y también con los malos momentos de los que estoy segura que puedo aprender. Pero, sobre todo, me quedo con toda esa gente que ha salido a la calle a animarnos, con los que hemos compartido kilómetros, sensaciones y energía. Y muchas, muchas muchas gracias a Alberto, que me ha hecho las cosas tan fáciles durante estos meses: ¡eres el mejor!.

Si la rodilla lo permite nos vamos a Florencia este invierno ¡porque esto hay que repetirlo!



3 comentarios:

  1. Me he leído la crónica kilómetro a kilómetro y me has hecho recordar las sensaciones que sentí allí un par de veces. Sabes que también he seguido tu adaptación al running estos últimos años. La maratón de Madrid empezó el día que decidiste correrla: los 42195 y pico finales son la fiesta final. Bajarás de las 4 horas. Gracias por hacerme sentir que volvía a correr.

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  2. Hermoso leer tu historia, vengo aquí desde Vitónica y realmente valió la pena. Recién estoy terminando de entrenar para correr los 10k sin embargo tu crónica no hace menos que motivarme. Felicitaciones!!

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  3. Felicidades por el reto cumplido. A mí me espera Valencia el 19nov. Cuento los días...

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